Los días 5, 6 y 7 de junio, un grupo de alumnos de 2.º, 3.º y 4.º de ESO y de Bachillerato, junto con algunas profesoras y hermanas del Colegio Torreánaz, tuvimos la oportunidad de viajar a Madrid para participar en el encuentro con el Papa León XIV.
Ha sido una experiencia muy especial que no vamos a olvidar. Uno de los momentos que más nos marcó a todos fue en la Vigilia del sábado. Allí, junto con medio millón de personas de todo tipo de edades, vivimos un silencio impresionante. En una sociedad en la que estamos acostumbrados al ruido constante, a las prisas y a estar siempre pendientes de algo, fue impactante parar y simplemente escuchar. De hecho, una de las frases que nos dejó el Papa fue: «Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio». Fue un momento de reflexión profunda que nos ayudó a mirar hacia dentro y a vivir la fe de una forma diferente.
El domingo participamos en la Eucaristía. Aunque debido a la cantidad de personas que había no siempre fue fácil ver todo lo que sucedía, eso no nos impidió vivir la celebración con muchísima ilusión y ganas. El ambiente, la alegría compartida y el sentimiento de estar viviendo algo tan importante hicieron que mereciera la pena cada minuto.
Pero, además de los actos, este viaje nos ha regalado: la convivencia. Durante estos días hemos compartido conversaciones, risas, canciones, caminatas y muchos momentos juntos. Alumnos de distintos cursos, profesoras y hermanas hemos tenido la oportunidad de conocernos mejor y de crear un ambiente muy bonito. Poco a poco hemos hecho piña, hemos formado un grupo unido en el que cada persona ha aportado algo especial, ya que << Nadie está solo creyendo en Jesús>>
Volvemos a casa con muchísimos recuerdos, nuevas amistades y el corazón lleno de gratitud. Sin duda, ha sido un fin de semana que nos ha ayudado a crecer, tanto personal como espiritualmente, y que permanecerá en nuestra memoria durante mucho tiempo.
Este es el testimonio de algunos alumnos que asistieron y del recuerdo que esta visita ha dejado en ellos. Dios quiera que dé abundantes frutos de santidad.























